CUADERNOS DE VIAJE - HIGHWAY 61, THE BLUES HIGHWAY Vol. 4 Recorriendo el Delta

Actualizado: 25 de sep de 2018

La mañana siguiente de nuestra noche de Blues en el Ground Zero y mi encontronazo con aquel viejo Bluesman apodado “Razorblade” madrugué bastante, el día prometía ser largo, y fui a primera hora, mientras mis compañeras de viaje desayunaban tranquilamente, a visitar el Delta Blues Museum de Clarksdale, un santuario para los amantes del género, con la cabaña donde vivió el mismísimo Muddy Waters incluida. Para mi sorpresa y decepción, fui el único visitante en toda la hora y cuarto que estuve allí dentro, nada que ver con las hordas de turistas que visitan diariamente por ejemplo Graceland, la extravagante mansión del malogrado Elvis Presley pocas millas al norte, en Memphis. Una vez visitado con atención el museo, recogí a mis amigas y nos dirigimos a recorrer bien la región del Delta del Mississippi, con paradas en varios puntos de interés desde el punto de vista bluesero, el primero de ellos el pequeño pueblecito de Tutwiler y su estación de tren, el lugar donde nació el Blues.

A unas 15 millas de Clarksdale hacia el este, por la Highway 49, se encuentra esta pequeñita población, de mayoría afroamericana y con casi el 40% de la población bajo el umbral de la pobreza. Sin nada de interés turístico salvo para los apasionados del blues, todos los lugareños nos miraban raro, con asombro, mientras recorríamos el pueblo buscando la dichosa estación donde el compositor W.C.Handy aseguraba haber descubierto el Blues. Como él mismo se encargó de afirmar en su autobiografía de 1941, “mientras esperaba el tren en la estación de Tutwiler, me despertó la música de un negro muy envejecido, con ropa harapienta y los dedos de los pies que le salían por la punta de los zapatos, tocando con maestría una guitarra presionando las cuerdas con un cuchillo como hacían los guitarristas hawaianos. El efecto fue inolvidable, esa canción me chocó inmediatamente. Repitió la misma línea tres veces, el Blues de los doce compases”. Años más tarde el mismo W.C.Handy se inspiró en esa misma canción y compuso su Yellow Dog Blues. En la actualidad en el lugar no queda más que una vía de tren medio abandonada, una placa conmemorativa, un muro con unos grafittis representando la escena y una zona pavimentada que se supone que era el andén y que ahora es lugar de botellón para los jóvenes del lugar.



No pasamos allí más de 15 minutos y volvimos a arrancar nuestro Ford automático, “¡podríamos poner el misterioso disco a ver si se oye!”, me dijo Patricia. “¡Buena idea!”, contesté yo. Y así, con el enigmático pero formidable disco del viejo “Razorblade” y su banda recorrimos el Delta hacia el sureste, siempre por la Highway 49, dirigiéndonos hacia Dockery Farms, las plantaciones más famosas de la historia de la música.

A mitad de camino entre Tutwiler y nuestra próxima parada nos encontramos de casualidad con la Penitenciaría Estatal de Mississippi, o más conocida como Parchman Farm, una prisión de alta seguridad para hombres, dentro del Condado de Sunflower y por donde pasaron muchos de los más célebres bluesmen de la época. A principios del siglo pasado, siendo pobre, negro y con la fama de pendencieros que tenían los bluesmen, en los aún racistas estados del sur, por aquellos tiempos los encapuchados del Ku Kux Klan llegaron a contar con cerca de 5 millones de afiliados, no era poco común para ellos que acabaran con sus huesos en la cárcel, donde vivían en pésimas condiciones y estaban obligados a realizar trabajos forzados. Un sórdido y triste lugar, la verdad.

Seguimos nuestro camino por la carretera 49 reflexionando sobre el tema, pensando en lo difícil que sería la vida en aquellos tiempos y entendiendo el por qué el Blues se originó y creció allí y no en otras zonas más acomodadas de los EEUU. Imaginamos cómo sería una primavera en el Delta del Mississippi, con un calor insoportable, los campos de algodón florecidos y con las plantas llenas de espinas esperando unas curtidas manos afroamericanas que las recogieran. Duras e interminables jornadas de trabajo de sol a sol en pésimas condiciones y míseros sueldos. Lo único que les quedaba a esos jornaleros era el Blues que componían al atardecer en sus cabañas, el whiskey casero de los Juke-Joints los sábados noche y la esperanza de la Iglesia los domingos. La prisión, una enfermedad prematura, la hambruna o los linchamientos racistas eran una amenaza constante para ellos. Entre tanta reflexión se nos hizo corto el camino hacia las Dockery Farms, o las antiguas Plantaciones de algodón de Will Dockery, un universitario del Estado de Mississippi que compró las tierras a mediados del siglo XIX y enseguida se dio cuenta de la riqueza que tenía el suelo. Por aquellos tiempos el sur de los Estados Unidos y las orillas del río Mississippi eran el máximo productor mundial del algodón, muy preciado entonces para la industria textil. Las Dockery Farms se reconocen como el lugar donde se cultivó y

originó el Delta Blues, y por aquí pasaron largas temporadas y aprendieron a tocar grandes músicos como Charlie Patton, el reconocido Padre del Delta Blues, Robert Johnson o Howlin’ Wolf. En la actualidad se han conservado unos graneros y una gasolinera de época y se ofrecen puntualmente conciertos.



A la sombra del granero nos pusimos un Delta Blues y nos quedamos observando el lugar, imaginando el trasiego de cientos y cientos de jornaleros recogiendo el algodón un día cualquiera de primavera y su posterior envío en barcos de vapor surcando el Mississippi hacia el puerto de Nueva Orleans o las ciudades del norte como Memphis o Saint Louis.

El día iba avanzando y solo nos quedaba que volver a conducir, dirigirnos de vuelta a la Highway 61, seguir rumbo hacia el sur y desviarnos a explorar las llanuras de Texas y los pantanos de Louisiana, antes de llegar al fin del camino, Nueva Orleans, la ciudad del Jazz.


The End


Miguel A. Cruz

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